En este dédalo de nacioncillas, divididas entre sí como antaño lo estaban las naciones del Lacio, el Asia Menor y la Sogdiana, sólo algunas afinidades generales pueden deducirse guiándose por la analogía de las lenguas. Son ellas los únicos monumentos que, desde la primera época del mundo, han llegado hasta nosotros: son también los únicos que, no fijándose en el suelo, móviles y durables a la vez, han atravesado por decirlo así el tiempo y el espacio. Deben su duración y el espacio que ocupan mucho menos a pueblos conquistadores y cultos que a esas tribus errantes y semisalvajes que, huyendo ante un potente enemigo, no cargan consigo en su profunda miseria sino sus mujeres, sus hijos y el idioma de sus antepasados.Alejandro de Humboldt.
lunes, 1 de septiembre de 2008
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