martes, 2 de septiembre de 2008

La Ambigüedad de la Ontología Contemporánea

Relacionarse con el ente en cuanto ente significa, para Heidegger, dejar ser a lo ente, comprenderlo como independiente de la percepción que lo descubre y aísla.



Nuestra respuesta es ésta: en nuestra relación con otro, ¿se trata de dejarle ser? ¿no es en su papel de interpelado donde se cumple la independencia del otro? Aquel a quién hablamos, ¿es previamente comprendido en su ser? De ningún modo. El otro no es primero objeto de comprensión y después interlocutor. Las dos relaciones se confunden. En otras palabras, la invocación del otro es inseparable de su comprensión.



Se trata de entender la función del lenguaje no como subordinada a la conciencia que tenemos de la presencia del otro, de su proximidad o de la comunidad con él, sino como condición de esa "toma de conciencia".

Ciertamente, tenemos aún que explicar por qué el acontecimiento del lenguaje no se sitúa ya en el plano de la comprensión...


¿Por qué no presentar la invocación del otro como la característica propia de su comprensión?

Tal cosa nos parece imposible. Por ejemplo, el manejo de los objetos de uso se interpreta como su comprensión. Pero la extensión de la noción de conocimiento se justifica, en este ejemplo, por la superación de los objetos conocidos, que se se cumple a pesar de todo lo que pueda haber de compromiso preteórico en el manejo de "utensilios".

En el seno de la manipulación se sobrepasa el ente en el movimiento mismo que le capta, y en este "más allá" necesario para la presencia "en las inmediacoines de" se reconoce el itinerario mismo de la comprensión. Esta superación no tiene únicamente que ver con la aparición previa del "mundo" cada vez que entramos en contacto con lo manejable, como quiere Heidegger, sino que remite también a la posesión y al consumo del objeto. Pero nada de esto ocurre en mi relación con otro.

Emmanuel Levinas - Entre Nosotros - Ensayos para pensar en otro - p.18

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