martes, 2 de septiembre de 2008

El prójimo como interlocutor

En cierto modo, en el acontecimiento de ser no se trata sino de este mismo ser. Ser en cuanto ser significa de entrada preocuparse de ser, como si fuera necesaria una especia de relajación o un "calmante" para -sin dejar de ser- escapar al desvelo de ser. Ser, insistencia en ser, como si su sentido consistiera en un "instinto de conservación" que coincidiría con su despliegue y que le preservaría y mantendría en su aventura de ser. La tensión del ser sobre sí mismo, la intriga que trama el probombre reflexivo "Se". Insistencia anterior a toda luz y a toda decisión, secreto de una brutalidad que excluye la deliberación y el cálculo, violencia en forma de entes que se afirman "sin consideraciones" los unos para con los otros en su preocupación por ser.


Vida de los seres vivos en la lucha por la vida; historia natural de los humanos con la sangre y el llanto de las guerras entre personas, naciones y clases; materia de las cosas, materia dura; solidez, lo que se cierra sobre sí mismo en los confinamientos intratómicos de los que hablan los físicos.


Pero en la vida experimentada por los humanos sucede -y ahí es donde comienza lo humano propiamente dicho, pura eventualidad pero al mismo tiempo eventualidad pura y santa- el consagrarse-a-otro.

En la existencia humana, irrumpiendo y superando su esfuerzo por ser -su conatus essendi spinozista-, la vocación de un existir-para-otro es más fuerte que la amenaza de muerte: la aventura existencial del prójimo importa al yo antes que la suya, y sitúa de golpe al yo como responsable del ser ajeno; responsable, es decir, único y elegido, un sujeto que ya no es un individuo cualquiera del género humano.

Emmanuel Levinas - Entre Nosotros - Ensayos para pensar en otro - p.10

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