Clarice Lispector - Para no olvidar - África - p.31
sábado, 6 de septiembre de 2008
África
La dulzura se contagia: también me calmo. Una de ellas entonces se adelanta con sus pies leves y, como si cumpliese un ritual -ellos se entregan completamente a la forma-, coge mis cabellos, los acaricia, los prueba, concentrada. Todas observan. No me muevo, para no asustarlas. Cuando acaba hay un momento de silencio. Y de repente tantas risas mezcladas y tantos asombros alegres como si el silencio hubiese huido en desbandada.
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