sábado, 6 de septiembre de 2008

Noche de febrero

(...) y la flor estaba helada de pavor ante la abeja que era muy dulce - creéme aunque yo no crea - porque tampoco sé qué podría una abeja viva de pavor querer en la oscura vida de una flor - pereo créeme - la sala estaba llena de una sonrisa penetrante - un rito fatal se cumplía - y lo que se llama pavor no es pavor - es la blancura subiendo de las tinieblas - no quedó ninguna prueba - no puedo garantizarte nada - yo soy la única prueba de mí.

Clarice Lispector - Para no olvidar - Noche de febrero - p.23

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